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La evolución en la escritura

En primer lugar debemos entender qué es evolucionar, es decir, qué entendemos como evolución.
Según el diccionario, evolución es “acción y efecto de desarrollarse. Paulatina modificación de los seres vivos debido a la necesidad de adaptarse a los cambios ambientales”.

Diremos entonces, que evolucionar tiene que ver con la capacidad de adaptación, con la capacidad de discernimiento en base a un criterio propio, la claridad mental que lleva al sujeto al juicio objetivo de hechos y circunstancias, donde no se comporta como un mero repetidor de conceptos, sino que debido al proceso de individuación, ha podido forjarse sus propias ideas, y fundamentalmente su escala de valores.

Mucha gente confunde evolución con instrucción.

Generalmente van acompañadas, ya que el estudio y la agilidad mental traen como consecuencia, una apertura hacia todos los cambios vitales y estímulos del medio.
Pero para poder diferenciarlas, diremos que la instrucción es el caudal de conocimientos adquiridos, es la acumulación de información sobre los distintos temas.
La evolución en cambio, provoca una modificación en la conducta o actitud; un desarrollo o transformación de las ideas o conceptos. Tiene que ver también con las experiencias de vida de cada individuo.

Hay personas evolucionadas que no poseen títulos universitarios ni profesiones relevantes, como así también existen personas instruidas que carecen de la capacidad de adaptación necesaria para poder considerarse “evolucionados”.

Aclarado esto, vamos a ver cuáles son los signos que denotan evolución:

  • Ambiente gráfico positivo
  • Grafismo simplificado (sin ganchos ni adornos o trazos superfluos)
  • Claridad, buen encuadre y buena distribución, sin choques y con armonía entre texto y espacio
  • Escritura pareja, regular, pero no rígida, ni monótona o estructurada
  • Algunas letras tipográficas dentro de la escritura cursiva
  • Mayúsculas simplificadas o tipográficas, no caligráficas
  • Margen izquierdo normal y ordenado
  • Buena proporción entre las zonas gráficas.
  • Trazado fluido y con ritmo
  • Inclinación vertical o destrógira
  • Escritura rápida
  • Enlaces o ligaduras originales
  • Ausencia del movimiento imitador consciente (imitación de los modelos caligráficos aprendidos en etapa escolar)
  • Presencia del movimiento modificador inconsciente (incorporación de movimientos personales proyectivos en la escritura)
  • Legibilidad
  • Firma sencilla, simplificada, y sin accesorios ni complicaciones
  • Rúbrica sencilla o ausencia de rúbrica
  • Ausencia de trazo inicial
  • Buena tensión
  • Barras de T firmes y a ¾ del palo

Si quisiéramos determinar el grado de evolución de una misma persona, obviamente deberíamos contar con escrituras de distintas edades o etapas de su vida.
De esta manera, se podrá observar cuáles son los rasgos que han cambiado por maduración, y cuáles quedan establecidos por temperamento.
Además, conociendo determinados hechos o experiencias significativas de esa persona, podremos detectar de qué manera y hasta dónde influyeron en su carácter.

Y para terminar, recordemos lo que dice Matilde Priante: “la presencia invariable de una misma forma a través del tiempo no significa que no se haya producido una evolución personal, sino que hay aspectos en el individuo que permanecen inalterables”.

 

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